Un sueño carioca

8 abril, 2011

“Si Brasil conjura su secular desorganización, corrupción, analfabetismo y falta de infraestructuras, y convierte su estilo desafinado en su polo de atracción, ambos megaeventos [Copa Mundial de Fútbol de 2014 y Juegos Olímpicos de 2016] supondrán su consagración como potencia mundial. Le aportarán autoestima, renovarán su paisaje urbano y elevarán sus maltrechos índices de desarrollo humano. Un salto adelante. No se les puede escapar esta oportunidad. Brasil bulle como nunca antes. Río de Janeiro, la capital más mestiza, bella, viva y repleta de contrastes de la Tierra, simboliza esa olla a presión”, cuenta Jesús Rodríguez en un reportaje de El País Semanal.
Más allá de evidentes carencias y ocultas motivaciones del texto, ya tratadas por el periodista Bernardo Gutiérrez, la reciente lectura de Hierve Río despertó recuerdos del vuelo protagonizado por Paco Picó&cia. sobre tierras brasileras y, sin disculpa alguna, nunca narrado en la bitácora. Posná, acá tienen ahora, aunque sea con ocho meses de retraso, una selección de las imágenes captadas entonces por La Canarinha, especialmente emocionada con el periplo por San Pablo y Río de Janeiro. Mera cuestión nominal, para nada baladí. Imprime carácter compartir apelación con la selección nacional del jogo bonito, O Rei y cinco copas mundiales, aunque el nombre sólo sea un guiño entre su origen geográfico y su pasión deportiva (Canarias+fútbol=La Canarinha).

São Sebastião do Rio de Janeiro o, simplemente, Río de Janeiro presume, con toda razón, de ser una de las ciudades más bellas del planeta. Ayudan, sin duda, la alegría de las gentes cariocas y la bonanza del clima tropical, pero el sobrenombre de Ciudad Maravillosa no se puede justificar sin un emplazamiento geográfico singular, sin una topografía urbana extraordinaria. Aunque la geología explica la bahía de Guanabara como una depresión tectónica ocurrida durante el cenozoico entre dos conjuntos de bloques de falla de la sierra de Órgaos y pequeños macizos costeros, el increible paisaje carioca se presta más a imaginar una interpretación sobrenatural y, por tanto, a situar su origen en la esfera de la mitología. La confluencia de mar, islas, playas, montañas, llanuras, laguna y selva en un mismo paraje obligan a fantasear con una intervención divina y soñar con la leyenda de una caprichosa deidad que hundió sus colosales manos sobre la tierra en tiempos remotos para modelar un lugar pleno y perfecto. Agradecidos con el regalo celestial, los seres humanos se apresuraron a poblar el paradisiaco territorio y, para honrar al creador de su dicha, a completar la obra divina con tangas, fútbol, samba, caipirinha y carnaval.

Brasil, sei lá
Ou o meu coração se engana
Ou uma terra igual não há
E o que é que dá?

Brasil Nativo (Passarim, 1987)
Antonio Carlos Jobim 

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