Piedras blancas

“Para que encuentres el camino de vuelta (no te olvides de echarlas a la ida)”. Esa era la nota que acompañaba a un montón de piedras blancas que van encontrando su sitio en las paradas de nuestro viaje.

Seguramente ha sido la manera más simple y más entrañable de hacerme saber que me van a echar de menos, que nos vais a echar de menos, y es fantástico saber que alguien te espera en algún lugar.

Las piedras blancas están recorriendo su camino y, por eso, estas imágenes con explicación de los lugares dónde se están quedando.

De la primera piedra no hay foto, se quedó en Huesca punto de partida y siempre de regreso.

Más piedras blancas

 
 
 
 
 
 
 
 

 

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One Response to Piedras blancas

  1. [ctrl+c y ctrl+v] o copia y pega de un correo electrónico enviado por un lector argentino con una entrañable historia de casualidades/causalidades encadenadas y un par de referencias musico-literarias imprescindibles. Muchísimas gracias.

    Mi nombre es Fernán, vivo en Rio Negro. viajando por la patagonia conocí una catalana. conociendo una catalana, conocí extremoduro. la catalana era rubia y me hizo escuchar StandBy. ahí conocí el texto de Francisco M. Ortega Palomares (Ideario), luego su blog y, para ir cerrando, P+DH…

    mirando tu blog, en la sección de piedras blancas, leí un poco eso de ‘camino de vuelta’. no podía no compartir el siguiente poema que a lo mejor conozcas.

    Saludos,

    ÍTACA (Konstantínos Kaváfis)

    Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
    debes rogar que el viaje sea largo,
    lleno de peripecias, lleno de experiencias.
    No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
    ni la cólera del airado Posidón.
    Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
    si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
    emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
    Los lestrigones y los cíclopes
    y el feroz Posidón no podrán encontrarte
    si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
    si tu alma no los conjura ante ti.
    Debes rogar que el viaje sea largo,
    que sean muchos los días de verano;
    que te vean arribar con gozo, alegremente,
    a puertos que tú antes ignorabas.
    Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
    y comprar unas bellas mercancías:
    madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
    y perfumes placenteros de mil clases.
    Acude a muchas ciudades del Egipto
    para aprender, y aprender de quienes saben.
    Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
    llegar allí, he aquí tu destino.
    Mas no hagas con prisas tu camino;
    mejor será que dure muchos años,
    y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
    rico de cuanto habrás ganado en el camino.
    No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
    Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
    Sin ellas, jamás habrías partido;
    mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
    Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
    Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
    sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.

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