¡Hay sabrosos chuuurros!

Inusual, por la extensión, e imperdonable, por la falta de justificación, ausencia durante más de un mes. Parece como si El zumbido del mosquito se hubiera contagiado del sofocante letargo en el que se sume Buenos Aires durante el verano austral. Entre finales de diciembre y febrero, pero sobre todo durante enero, gran parte de la población porteña huye del ardiente asfalto para disfrutar de sus vacaciones estivales en destinos del extranjero, interior del país y, fundamentalmente, la costa atlántica.
Apenas a un centenar de kilómetros al noreste de la ciudad de Mar de Plata, capital turística por excelencia del veraneo argentino enclavada en la provincia de Buenos Aires, está Villa Gesell, un poblado surgido durante la década de los años 40 del siglo pasado sobre un terreno de dunas repoblado mediante coníferas por la familia de raíces alemana y belga a la que debe su topónimo. Aún conserva cierta atmósfera de sus inicios turísticos como destino hippie, pero la masiva edificación de su litoral ya convirtieron a Gesell en un municipio vacacional de sol y playa familiar.
Y allí, entre veraneantes sobre la arena, pasean, permanentemente, infinidad de vendedores ambulantes con su diverso género a cuestas, un auténtico mercadillo nómada. Sin moverse de la toalla se puede adquirir casi cualquier cosa. Desde habituales productos como refrescos, helados, abalorios artesanales, baratijas o películas pirata hasta otros más inusuales como sanguches (bocadillos) de milanesa, empanadas, panchos (perritos calientes, con todo el tinglado culinario transportado en un carro), juguetes, ropa, zapatos o hamacas.  Incluso paellas (ojo, el recipiente metálico, no el tradicional plato valenciano a base de arroz). Sin olvidar, por supuesto, el producto estrella: churros, quizá más propios de otras temporadas y de otros escenarios en latitudes septentrionales. Una estampa comercial constante a lo largo de toda la costa, como en las cercanas playas de Cariló (Medano Verde en lengua mapuche), partido de Pinamar, donde se tomaron las siguientes fotografías.

Y para completar el cuadro, múltiples artistas callejeros animan las noches de las localidades turísticas con sus espectáculos a la gorra. Entre tantos pintores, mimos, cómicos, actores, magos, acróbatas o malabaristas, desde El zumbido se destaca al cuarteto circense Pachiska, retratado en las anteriores imágenes, por la hospitalidad brindada en su apartamento comuna.

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2 Responses to ¡Hay sabrosos chuuurros!

  1. Vanessa dice:

    Vaya manera de dar envidia…. ¿Tú sabes la que ha caído estos días en Canarias? Y vas y nos pones los dientes largos con ese verano de enero argentino… Anda que lo pasas mal, compañero!! Na, que se te echa de menos! Besos

    • Ya ves, detalles de vivir en el otro hemisferio, pero luego tocará invernar mientras otros veranean. Por ello, nada mejor que elegir la eterna primavera canaria, aunque parece que los elementos se confabularon este año contra el régimen ático-pepero… Muchas gracias por la visita, recuerdos a toda la tropa de mis terruños adoptivos y nos vemos en los bares (porteños, mañana cuento más…)!!!

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