Tras los ecos del ‘atis Tirma’

Un nuevo vuelo atrás y con menor justificación que en la primera ocasión, así que ya perdonarán. Ahora tan sólo aparecieron en las entrañas cibernéticas de Don Bito unas fotografías de mayo de 2006 y, además, algunas ya fueron publicadas, junto con un texto sobre aquella historia, en la edición canaria del extinto diario gratuito Metro. Imposible, por tanto, localizar aquel documento en estos momentos, circunstancia que se asemeja a una buena excusa para reescribir el relato y difundirlo junto a las imágenes en la bitácora. Ciertamente, pero el inicial pretexto cobra el rango de sólida razón al observar el detalle, nimio para cualquiera que no haya vivido casi un decenio sobre aquellos terruños del paralelo 28, de que El zumbido del mosquito no tiene ningún escrito clasificado en la categoría o en la etiqueta Canarias. Imperdonable. Aunque, afortunada y rápidamente, solventable. Yastá

En el 29 de abril del año del Señor de 1483, el guerrero aborigen Bentejuí, junto con el faycán o líder religioso de Telde, prefirió arrojarse al vacío desde los riscos del sureste de Gran Canaria para reunirse en otro mundo con los espíritus que entregarse a las tropas castellanas para vivir bajo la dominación de los Reyes Católicos. “Ambos se derriscaron llegandose el muchacho a el viejo le cojio de un brazo, y diciendo a tiz Tirma, a tiz Tirma, de un salto vajaron hechos pedasos”, cuenta el relato del cronista Tomás Marín de Cubas fechado 1694. Aquella jornada marcada por el grito atis Tirma, viva la montaña sagrada en lenguaje aborigen, se considera la fecha oficial de la culminación del proceso de conquista de la isla por el entonces naciente Reino de España.

Por ello, cada año, desde finales de los 60 ocasionalmente y a partir de 1973 de forma ininterrumpida, entre finales de abril y principios de mayo, decenas de personas, movidas por reivindicaciones políticas, afición montañera, inquietud cultural, interés histórico o un poco de todo, se reúnen en la cuenca volcánica de Tejeda, en el montañoso interior de Gran Canaria, para participar en una caminata de dos días hasta el término de Santa Lucía de Tirajana, en el ventoso litoral del sureste insular, tras los últimos pasos de Bentejuí, elegido como guanarteme o rey tribal en sustitución de Tenesor Semidán después de su controvertida alineación con los intereses castellenos. Aunque la actual ruta organizada por los colectivos independentistas Azarug y Solidaridad Canaria parte desde la carretera a  la altura del caserío de Timagada, la última expedición del líder indígena comenzó desde el roque Bentayga, todo un hito geólogico e histórico de la isla, después de romper el sitio de las tropas peninsulares para huir en busca de refugio hacia los riscos de Ansite.
Para ello, el séquito de Bentejuí y su esposa, la princesa e hija de su antecesor Guayarmina Semidán, ascendieron por la Laja del Nublo hacia el roque convertido en símbolo orográfico grancanario por excelencia. Y desde el pitón basáltio o roque Nublo, la travesía continuó por la actual presa de los Hornos y el barranquillo de Juan Francés, donde se pernocta en el pateo contemporáneo, antes de progresar por la cañada del Escobón hasta la degollada del Campanario e iniciar el vertiginoso descenso por el cañadón del Jierro y el paso del Panantón hacia la llanura del lomo de Vera. Finalmente, el grupo de resistentes se refugió en un risco todavía sin determinar del sureste grancanario, aunque predomina la tesis del promontorio Fortaleza de Ansite, antes de sufrir un nuevo asedio y la posterior mediación de Tenesor Semidán, que convenció a su hija y a la mayoría de indígenes a descender y deponer su actitud frente al invasor. En absoluto a Bentejuí, un “gaire, alto, seco, y prieto de grande esfuerzo” (Marín de Cubas, 1694), cuyos ecos del grito de rebeldía y dignidad aún resuenan cada año por las cumbres grancanarias.

Post data: Nada más aterrizar del vuelo atrás a la XXXV Ruta Bentejuí, ya se intuye un nuevo planeo retrospectivo sobre otro paraje de Gran Canaria tras el reencuentro con unas fotografías de la Reserva Natural de Güi-Güi. Y, además, se descubre otra ausencia imperdonable entre las categorías o etiquetas: falta Huesca. Mucho más que una ciudad, patria chica mayoritaria en el equipo de El zumbido, “punto de partida y siempre de regreso”, según se subraya en Piedras blancas. Así que, una vez más, disculpas anticipadas por los futuros viajes al pasado.

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2 Responses to Tras los ecos del ‘atis Tirma’

  1. Juan G. Luján dice:

    Bueno, Armando, no te agobies por la falta de la “etiqueta Canarias” o “etiqueta Huesca” en este blog. Lo grave, querido, es que falta “etiqueta negra”, o “etiqueta amarilla” del ron amarillo de Arucas. Porque sin esas etiquetas carece de sentido el saludo “nos vemos en los bares”. Bueno, quería decir que me gustan los zumbidos de estos mosquitos, y que acabo de enlazarlos al blog que hacemos por las tierras de Bentejuí. Un abrazo Juan G. Luján

    • Muchas gracias, compañero del metal, por enlazar Somos nadie con El zumbido y por tus palabras, todo un halago viniendo de un canarión de Juncalillo hacia un godo de Huesca, jejeje. Y no me agobio, pero ya sabes que tampoco me gustan las injusticias y eso me parecieron ciertas ausencias en mis escritos. Así que traté de solventar al menos esos desafueros clasificatorios, ante la imposibilidad de paliar la falta de las etiquetas etílicas, aunque te advierto que ya encontré un sustituto en el sello azul de cierta cerveza argentina, sin olvidar el precinto negro del bourbon de Tennessee… Cuídate montón, saludos a la tropa y, efectivamente, nos vemos en los bares!!!

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