Adiós a la manzana

Eva y Adán fueron expulsados del Edén por Dios, según narra el Génesis de la Biblia, tras incumplir la prohibición de su creador y probar el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Por morder la dichosa manzana, vaya, a causa de la desobediencia de ella, que todo hay que recordarlo, después de la tentación y el engaño cometidos por Satanás bajo la apariencia de serpiente. “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás” o “parirás a tus hijos con dolor”, bramó entonces la divinidad para repartir pecado original a diestro y siniestro entre todos los que vinimos después, así, sin más, como defecto de fábrica. En definitiva, no quieren sopa, pues tengan taza y media; de paso, despídanse del paraíso y pónganse a currar, hala. Bastantes sudores, panes, polvos y quejumbrosos alumbramientos después, también la Compañía de Jesús, a su modo, fue expulsada de su particular jardín de las delicias. Y, aunque no fue la causa, también en aquella ocasión estuvo involucrada una manzana, para que luego digan que la fruta es buena.
Allá por 1767 y por orden del rey Carlos III, todos los miembros de la orden religiosa fundada en 1534 por San Ignacio de Loyola debieron de abandonar el territorio español, con el consiguiente proceso posterior de incautación de sus bienes a lo largo y ancho de metrópoli y colonias. Firmada tras órdenes similares dictadas en Portugal y Francia, la Pragmática sanción del monarca español se fundamentó en la supuesta acumulación de riqueza y poder por parte de los jesuitas, la congregación católica más misionera con presencia en lugares tan distantes como India, Japón o Canadá. Sin embargo, los gobernantes ilustrados temían sobre todo, por aquello de “todo para el pueblo pero sin el pueblo”, su amplia actividad educativa entre la juventud, docencia impartida bajo el peligroso hábito para el absolutismo de enseñar a pensar a los estudiantes; y su cuarto voto, además de los tres habituales en las órdenes católicas (obediencia, pobreza y castidad), de lealtad incondicional al Papa (“militar para Dios bajo la bandera de la cruz y servir sólo al Señor y a la Iglesia, su esposa, bajo el Romano Pontífice, vicario de Cristo en la tierra”), máximo soberano en la práctica de un Estado extranjero. Irónicamente, tanta fidelidad tampoco les sirvió de mucho, pues el Papa Clemente XIV se plegó en 1767 a las presiones de los monarcas católicos y suprimió la Compañía de Jesús, cuyos miembros se integraron en el clero secular o se refugiaron en otros países (Rusia, Polonia, Prusia o Inglaterra) hasta la restauración de la orden cuarenta años después por Pío VII.

Disculpen las religiosa e histórica disgresiones, pero ya saben que la manzana suele servirse, como postre, al final. Total, entre todas las posesiones requisadas durante aquel periodo destacan, como atestigua su declaración como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, las misiones o reducciones jesuíticas guaraníes (Argentina, Paraguay y Brasil) y bolivianas, así como la Manzana Jesuítica de Córdoba. Ubicada en pleno centro histórico de la tercera ciudad argentina, tras Buenos Aires y Rosario, la Manzana engloba varios de los más bellos ejemplos de la arquitectura colonial de Córdoba, muestra de su elección por los jesuitas como centro de la tarea evangelizadora en aquella zona sudamericana desde finales del siglo XVI. Iglesia de la Compañía de Jesús, Capilla Doméstica, Colegio Nacional de Monserrat, Residencia y antiguo Colegio Máximo, considerado como la cuarta universidad más antigua de Sudamérica, completan un fruto jesuita que, a pesar de su expulsión, continúa maduro. Además de la actividad eclesiástica, el Colegio Nacional de Montserrat todavía alberga estudiantes y la Universidad Nacional de Córdoba, heredera del Colegio Máximo, mantiene aula magna, museo y biblioteca en la Manzana. Una manzana para nada prohibida.

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2 Responses to Adiós a la manzana

  1. Maryta dice:

    Hola chicos, ya os vale, supongo que será por el trabajo pero estais muy vagos ultimamente y se os echaba de menos.
    Menos juerga y mais traballar. un besote

  2. carlitros dice:

    politica e historicamente correcto.
    Saludos

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