Los inocentes del volcán

Tres niños durmieron hace medio milenio en la cima del volcán Llullaillaco (6.730 metros) para no despertar jamás. Desde el descubrimiento en 1999, sus cuerpos descansan en el Museo de Arqueología de Alta Montaña de la ciudad de Salta, entre cuyas paredes impera la prohibición estatal de fotografiar o filmar el patrimonio artístico y cultural argentino, así que deberán acceder a la página oficial del MAAM para contemplar imágenes de los protagonistas de la historia.
Un varón, de siete años de edad, y dos mujeres, de seis y quince, fueron ofrendados por los incas a sus divinades en la cima de una montaña sagrada o apu como culminación de la ceremonia de la Capacocha, un rito anual traducido como obligación real en quechua. Durante la cosecha, entre abril y julio, fiestas y ofrendas en honor del ciclo natural de la fertilidad y de los dioses Sol, Luna o Rayo, así como del ancestro Mama Huaco como creador del primer maiz y del inca gobernante como descendiente del astro diurno, se celebraban a lo largo del imperio, desde cuyos rincones también se enviaban tributos a la ciudad sagrada del Cusco. Precisamente, hijos de los caciques, elegidos por su belleza y perfeción física, viajaban hasta el corazón del Tawantisuyu para participar en la ceremonia central en presencia del inca y contraer matrimonios como símbolo de la alianza entre diferentes clanes, acto tras el que regresaban en línea recta a sus lugares de origen a través de montañas, barrancos o selvas en un viaje de varios meses con la compañía de un sequito de sacerdotes y familiares.
Y una vez allí, después de nuevas celebraciones, los niños, vestidos con sus mejores ropas y dotados con un amplio ajuar, accedían hasta el huaca o principal adoratorio de la zona para, adormecidos por el alcohol de la chicha (bebida de maiz fermentado) y el frío de la montaña, abandonaban la vida terrenal con el honorífico objetivo de emprender un viaje definitivo hacia sus antepasados y divinidades, junto a quienes velarían por la prosperidad de los suyos desde las alturas. Y, aunque a menor altitud tras su traslado desde la cúspide del Llullaillaco, a la vista de su estado actual de conservación, así continúan: durmiendo. 

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2 Responses to Los inocentes del volcán

  1. Paco dice:

    Me gusta tanto lo que escribes que hoy o mañana voy a escribir sobre tu blog y sobre ti en el mio. Un abrazo de tu compi y amigo Paco.

  2. carlitros dice:

    Pues a mi tb me gusta lo que escribe este mosquito tigre, aunque se le vea el plumero…pero como buen montañero echo de menos un mapa, que asi me hago la idea mas real de donde te metes.

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