Aguas sagradas (I)

Titi, puma; caca, roca. Roca de puma, en lengua quechua, por su forma vista desde el cielo, aunque los lugareños afirman que la cuenca del lago Titicaca esconde también las siluetas de un hombre o un ser alado y un pez. Si ellos lo dicen… Y, no, el topónimo no tiene nada que ver con la broma por la proporción en el reparto de sus aguas entre los dos países ribereños: titi para Perú (4.772 kilómetros cuadrados) caca para Bolivia (3.790). Precisamente, sus dimensiones (204 kilómetros de longitud por 65 de anchura con una profundidad máxima de 283 metros) sitúan al Titicaca como el segundo mayor lago de Sudamérica, tan sólo superado por el venezolano Maracaibo, y en un auténtico mar interior de agua dulce, vestigio de una antigua extensión oceánica encerrada en un altiplano entre diferentes cordilleras andinas sin apenas salida hacia el Pacífico o el Atlántico.
Además de convertirlo en el lago navegable a mayor altitud del mundo, los 3.800 metros de altitud enmarcan con nitidez y luminosidad sus aguas cristalinas contra el telón de las cumbres nevadas. Un panorama casi místico, propicio para que el lago regara en sus orillas el nacimiento de tan importantes civilizaciones como la tiwanaku o la inca. Y lógico, por tanto, que las creencias prehispánicas situaran en sus aguas la creación del universo. Ahora, desde la portuaria ciudad peruana de Puno parten barcos para navegar por las aguas sagradas del Titicaca y conocer las comunidades flotantes de los indios uros, construidas sobre juncos de totora, o las islas Amantaní, con sus templos a la Pachamama y Pachatata en dos colinas gemelas, y Taquille, cuyos textiles fueron declarados patrimonio intangible de la humanidad por la Unesco.

Aunque a orillas del lago Titicaca se atraviesa la actual frontera entre Perú y Bolivia [leer Aguas sagradas (y II)], los paisajes, las gentes y su cultura apenas experimentan cambios. Lógico tras milenios de convivencia en un espacio común, una historia que no puede variar una simple raya. En cualquier caso, nada mejor para despedir un país que la letra de una canción peruana aprendida a base de escuchar conciertos de Phuru y la Banda Sin Nombre en los tugurios del Cusco: “Muero por quererte, por amarte y por desearte. ¡Perú!”

votar

Anuncios

One Response to Aguas sagradas (I)

  1. Mayte Llera dice:

    Pues en el lago Titicaca también estuve y me traje un gorrito de la isla de Taquile y un tapiz y un cojín, con las efigies bordadas de Manco Cápac y Mama Ollo, de una de las islas de los Uros. A donde que no fui es a la parte Boliviana, que ya veo que tienes otros post que indican que tú sí y ganas que le tengo, porque ver las ruinas de Tiahuanaco debe ser de impresión. Un besote y enhorabuena por tan fantástico viaje.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: